Pablo Escribá, director general y fundador de Laminar Pharma con unos 30 años de experiencia en el sector, dice ser el ‘nieto científico de dos premios Nobel’, ya que dos de los investigadores principales con los que trabajó estuvieron a su vez supervisados por premios Nobel (Marshal Niremberg y Arvid Carlsson). Después, el biólogo recuerda algo curioso durante la conversación con AseBio. Cuando decidió volver a España tras haber trabajado en Estados Unidos y grabado en su mente los esquemas del éxito, su jefe le dijo que ahí no podría hacer ciencia. Con el tiempo, Escribá le demostró que se equivocó. “He publicado más artículos, en mejores revistas y he sacado más patentes que él y todo esto desde aquí, desde España. Creo que aquí se pueden conseguir las cosas como en cualquier otro lado”, asegura con una sonrisa cariñosa. “Lo único que hace falta es estimular la tradición de inversión en el sector biotecnológico y explicar mejor en qué consiste”, afirma.
Escribá montó su empresa gracias a una idea que nació en la academia hace más de 20 años y luchó para integrar el ecosistema español, entonces sin tradición y conocimiento en el sector biotecnológico. Hoy, su empresa cuenta con más de 60 expertos por todo el mundo y por toda España, ha ganado por segunda vez el premio Onda Cero Mallorca a la Ciencia y la Investigación y esa idea que se coció en su laboratorio de la Universidad de las Islas Baleares, el fármaco LAM561, ha obtenido la designación de Medicamento Huérfano por la Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA) que le abre una ‘autopista’ para llegar a los pacientes y solicitar ayudas indispensables.
Esta etapa en la que se encuentra Laminar Pharma, les permitirá financiar su proyecto hasta el final que ya les ha costado unos 40 millones de euros. En definitiva, para que este producto sea aprobado, ahora solo es cuestión de tiempo. Es la recta final y la compañía tiene una ronda de ampliación de capital abierta para dar ese último salto. “Estados Unidos (EEUU) es el país que más gasta en medicamentos y tener ese tipo de ayudas ahí es fenomenal. Ahora podemos pedir la designación breakthrough therapy, por ejemplo, que hace referencia a un descubrimiento clave que se da en medicamentos que puedan cambiar la historia de un tratamiento”, explica el biólogo.
El tratamiento en este caso es contra los tumores cerebrales muy agresivos, llamados gliomas, que se cobran la vida de al menos 200.000 personas por año en el mundo. “Los resultados de nuestros estudios clínicos previos indican que al menos un 40% de pacientes tendrían beneficios terapéuticos derivados del tratamiento con LAM561”, asegura Escribá. Además, el científico está convencido de que este fármaco se puede aplicar a otros ámbitos terapéuticos oncológicos, ya que la proliferación de células cancerosas se debe a muchos factores y combinaciones y algo que quizás no funcione para un paciente, podrá funcionar para otro.
Un sueño de niño hecho realidad
Al escuchar a Escribá, se podría decir por el amor incondicional por la ciencia y por un referente clave. El fundador de Laminar reconoce que desde sus cinco años sabía que quería ser científico y desde sus nueve que sería biólogo. Y cumplió con su objetivo de niño. Años más tarde, se cruzó con un investigador de EE. UU. apasionado por la oncología (el doctor José Manuel González Ros, que a su vez fue doctorando de uno de los descubridores del ibuprofeno, el doctor Antonio Ribera) y se pusieron los dos a investigar los mecanismos de fármacos contra la leucemia y otros tumores sólidos. Trabajó desde el otro lado del charco y cuando todavía no existía la biotecnología, Escribá diseñó una molécula ahí por el año 1998, el germen de lo que más tarde sería Laminar Pharma. Cuatro años más tarde, empieza a tener resultados y trata de transferir su idea al ecosistema español donde todavía no había tradición.
“Muchas personas del sector de biotecnología con las que me entrevisté en 2002 para transferir el LAM561 a la industria farmacéutica me dijeron: si quieres que esto sea útil para pacientes tienes que montar una empresa y levantar una ronda de financiación”. Y eso hizo, no sin trabas por su camino. “Una oficina gubernamental me reprochaba no tener facturación y yo trataba de explicar que en este campo es necesario invertir antes de conseguir nada. Hubo que pelear mucho y es verdad que ha habido un gran cambio en España. Ahora promovemos la ciencia traslacional, cuando antes estaba mal vista”, asume.
Fue en 2006, cuando todo dio un giro esperanzador. El equipo de Laminar consiguió, gracias a un Venture Capital y a la apuesta económica de los promotores del proyecto, unos primeros ingresos de unos 700.000 euros. Fue el pistoletazo de salida antes de sumar, al año siguiente y gracias a un proyecto NEOTEC, otros 600.000 euros y más tarde, un millón invertido por el Family Office de la familia Matutes Residencial Es Vive. “Estos años nos sirvieron para ser la primera spin-off de la Universidad de las Islas Baleares y que LAM 561 sea el primer producto nacional que pasa de la academia a ensayos clínicos sobre humanos”, recuerda Escribá. “Ahora esperamos poder convertirnos en la primera ‘biotech’ spin off que consigue llegar al mercado con una patente propia en un área tan sensible como un tumor cerebral”, concluye.
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